
Los dips de Pratdip: los perros vampiro de la sierra de Llaberia
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En Pratdip, al pie de la sierra de Llaberia, la tradición habla desde hace siglos de unos perros negros que salían de noche, seguían a los caminantes y atacaban al ganado para beber su sangre. Los dips aparecen en un retablo de 1602, llegaron al escudo del pueblo y Joan Perucho los convirtió en una de las criaturas más singulares de la literatura fantástica catalana.
Hay que llegar a Pratdip sabiendo una cosa: aquí el perro negro no es un reclamo inventado ayer para los turistas. Está en el escudo municipal, aparece representado en un retablo fechado en 1602 y forma parte desde hace generaciones del imaginario de este pequeño pueblo del Baix Camp, encajado entre barrancos y las montañas de la sierra de Llaberia.
Lo llaman dip.
La tradición lo describe como un perro oscuro, en ocasiones más próximo a un lobo, que se movía de noche por los alrededores del pueblo. Los arrieros podían sentir que algo los seguía por los caminos y, al mirar hacia atrás, distinguir unos ojos en la oscuridad. Otras mañanas aparecía ganado atacado y la imaginación popular añadía el detalle que terminó dando a estas criaturas su fama: los dips no se limitaban a matar. Bebían la sangre de sus víctimas.
De ahí a que Pratdip acabara convirtiéndose en tierra de perros vampiro había solo un paso.
Un pueblo medieval bajo las montañas de Llaberia
Pratdip está en el interior de Tarragona, en una profunda zona de barrancos y relieves calizos dominada por la sierra de Llaberia. El casco antiguo conserva todavía el aspecto compacto de un núcleo que durante siglos estuvo protegido por murallas y por un castillo levantado sobre la roca.
Las primeras referencias documentales que recoge el Ayuntamiento aparecen en 1154, en una bula del papa Anastasio IV que menciona la iglesia de la población. El nombre vuelve a encontrarse en 1194, durante el pontificado de Celestino III.
El territorio perteneció a la baronía de Entença, una extensa jurisdicción señorial cuyos dominios pasaron por diferentes linajes. El castillo de Pratdip aparece ligado documentalmente a aquellas posesiones medievales y, desde 1324, la baronía quedó incorporada al condado de Prades.
Era además un territorio de caminos, ganadería, pequeños cultivos, fuentes y desplazamientos entre los pueblos de las montañas. Ese paisaje nocturno de pastores, arrieros y animales es precisamente el que sirve de fondo a las historias de los dips.
¿De dónde viene el nombre de Pratdip?
La respuesta es más interesante de lo que parece porque existen dos explicaciones que conviven desde hace tiempo.
La interpretación popular identifica el nombre directamente con la criatura: Pratdip sería el «prado de los dips». Es la lectura que ha terminado uniendo de manera inseparable al pueblo con sus perros legendarios.
La explicación lingüística recogida por el propio Ayuntamiento introduce, sin embargo, otra posibilidad. Joan Coromines relacionó el elemento antiguo Ip con una raíz ibero-vasca vinculada a la idea de río o lugar con agua. No sería extraño en un núcleo asentado en un valle con fuentes, barrancos y antiguos molinos.
Las dos lecturas forman hoy parte de la historia del topónimo: una pertenece al estudio lingüístico y la otra a la tradición que ha hecho del dip el gran emblema de la localidad.
Los perros que salían cuando caía la noche
La versión tradicional conservada en Pratdip habla de pequeños perros de color oscuro que vivían en los alrededores del pueblo. No eran animales que uno encontrara tranquilamente junto a una casa o un corral. Su territorio era la noche.
Se decía que seguían a los traginers, los arrieros que recorrían los caminos transportando mercancías. El viajero podía no distinguir el cuerpo del animal, pero sí aquellos ojos que parecían acompañarlo desde la oscuridad.
También se les atribuían ataques contra los rebaños. Cuando aparecía una res muerta, la historia añadía un rasgo especialmente inquietante: el dip había bebido su sangre.
Algunas versiones extienden sus encuentros a los hombres que regresaban tarde al pueblo después de haber pasado por las tabernas. El dip esperaba en los caminos, fuera de las calles iluminadas y de la seguridad de las casas.
La tradición local asegura que nunca llegó a capturarse uno de estos animales y sitúa su desaparición en algún momento del siglo XIX. Después dejaron de verse, aunque no desaparecieron de las historias.
1602: los dips ya estaban pintados
Una de las piezas más interesantes para seguir el rastro de la leyenda se encuentra actualmente dentro de la iglesia parroquial de la Natividad de Santa María de Pratdip.
Es el antiguo retablo de Santa Marina, fechado en 1602.
Procedía de la ermita de Santa Marina y está formado por veinte tablas. Cinco narran episodios de la vida de la santa y el resto representan escenas religiosas y diferentes santos. Entre su decoración aparece también el animal que siglos después continúa identificando a Pratdip.
El propio Ayuntamiento utiliza esa representación como una de las referencias históricas de la figura del dip. No estamos, por tanto, únicamente ante un relato reconstruido a partir de versiones contemporáneas: a comienzos del siglo XVII el perro ya formaba parte de la iconografía vinculada al lugar.
El retablo tuvo además una historia accidentada. En 1730 fue sustituido por uno barroco y el antiguo quedó desmontado. Esa circunstancia terminó salvándolo en 1936, cuando el retablo barroco de la ermita fue destruido durante la Guerra Civil. La pieza renacentista pasó a conservarse en Reus y en 2003 regresó a Pratdip en régimen de depósito. Hoy puede verse en la iglesia del pueblo.
Otro dip desapareció en 1936
La tradición local señala que el retablo barroco levantado en 1730 también mostraba al animal. Allí el dip aparecía negro sobre fondo dorado, con la cola elevada y una lengua rojiza saliendo de la boca.
Aquel retablo no sobrevivió. Fue quemado en julio de 1936 junto con otras pertenencias de la ermita de Santa Marina.
La repetición de la figura en las piezas religiosas resulta especialmente curiosa. El perro legendario no quedó relegado a los cuentos contados de noche: acabó incorporado a imágenes perfectamente reconocibles por los habitantes de Pratdip.
El dip entra en el escudo
También terminó entrando en la heráldica municipal.
La documentación local señala que el animal se utilizaba en el sello del municipio desde comienzos del siglo XVIII. La versión actual del escudo fue aprobada oficialmente en 2005, después del informe favorable de la Sección Histórico-Arqueológica del Institut d'Estudis Catalans.
Su descripción es muy sencilla: sobre campo de oro aparece un perro pasante de sable, es decir, negro. La parte superior, también negra, recuerda las armas de la baronía de Entença, los primeros señores vinculados al castillo y al término.
El Ayuntamiento explica expresamente que la inclusión del perro recupera la figura tradicional del dip representada en el retablo de Santa Marina de 1602.
Pocos seres legendarios han conseguido algo parecido: pasar de los caminos nocturnos al altar y, finalmente, al escudo oficial de un municipio.
Joan Perucho encuentra al dip
La segunda vida de la criatura comenzó en el siglo XX y tiene nombre propio: Joan Perucho.
En 1960 publicó Les històries naturals, una de las novelas fundamentales de la literatura fantástica catalana contemporánea. Perucho tomó la figura tradicional del dip y construyó alrededor de ella una historia mucho más amplia, mezclando vampirismo, erudición, aventuras, historia y las guerras carlistas.
Su protagonista, Antoni de Montpalau, es un naturalista barcelonés enviado a investigar las extrañas muertes que se producen en Pratdip. Tras ellas aparece una criatura que Perucho convirtió en uno de los grandes personajes de su mundo fantástico: Onofre de Dip.
El escritor dio al monstruo una biografía completa. Onofre habría sido un antiguo señor de Pratdip y caballero relacionado con Jaime I. Durante una misión vinculada al futuro matrimonio del monarca con Violante de Hungría habría viajado hacia aquellas tierras orientales y pasado por los Cárpatos.
Allí entra en escena la bellísima duquesa Meczyr.
En la ficción de Perucho, la duquesa vampiriza a Onofre. Desde entonces queda convertido en un ser condenado a regresar a Pratdip, capaz de adoptar distintas formas y de atravesar los siglos hasta aparecer en plena Primera Guerra Carlista.
El dip tradicional encontró así una genealogía literaria que lo emparentaba con el gran universo europeo de los vampiros.
La Transilvania de Cataluña
La comparación se hizo inevitable. Si Transilvania tenía a Drácula, las montañas de Llaberia tenían a Onofre de Dip.
La promoción turística de las Muntanyes de la Costa Daurada utiliza precisamente esa relación al proponer una ruta dedicada a los escenarios de Les històries naturals. El itinerario parte de Pratdip, atraviesa el barranco de Santa Marina, asciende hacia la sierra de Güena, pasa por la fuente de la Duera y alcanza el santuario de Santa Marina antes de regresar hacia el pueblo.
Son unos ocho kilómetros y alrededor de dos horas y media de recorrido según la información turística de la zona. El camino permite entender algo que se pierde cuando la leyenda se lee lejos de aquí: el dip pertenece tanto al relato como al paisaje.
Los barrancos, las paredes calizas, la vegetación cerrada y los antiguos caminos entre Pratdip y Santa Marina proporcionan el escenario en el que la tradición sitúa a esas siluetas negras que seguían a los viajeros.
Los dips escondidos por las calles
No todos los dips permanecen en la montaña.
Actualmente existe en Pratdip una Ruta dels Dips que invita a localizar distintas figuras del animal escondidas por el casco urbano. Aparecen sobre tejados, paredes, rincones medievales y otros puntos del pueblo.
La Oficina de Turismo dispone de un pequeño recorrido para buscarlos mientras se visitan algunos de los espacios más representativos de la localidad.
En la entrada de Pratdip se encuentra además el monumento dedicado al dip, obra del forjador Santi Fuchs. El animal aparece realizado con barras de hierro dentro de una estructura de piedra seca que reproduce visualmente el escudo del municipio.
La criatura continúa igualmente presente en el Grup de Diables de Pratdip y en el festival Pratdip Llegendari, donde el pueblo recupera mediante teatro, fuego y espectáculos nocturnos su imaginario fantástico.
El castillo y Onofre de Dip
Sobre el núcleo antiguo permanecen las ruinas del castillo de Pratdip. La fortaleza forma parte de la historia medieval real del pueblo y aparece vinculada a los señores de la baronía de Entença.
Perucho aprovechó precisamente ese escenario para instalar allí el mundo de Onofre de Dip.
La literatura terminó superponiéndose de tal manera al paisaje que hoy resulta difícil recorrer el castillo sin recordar al vampiro. No porque Onofre pertenezca a la documentación medieval, sino porque Les històries naturals consiguió que una criatura anterior a la novela encontrara allí su casa definitiva.
Cuarto Milenio viaja a tierra de dips
La leyenda alcanzó también la televisión. En abril de 2012, Cuarto Milenio dedicó parte de uno de sus programas a Pratdip dentro de un recorrido por las sombras y criaturas de la España mágica.
El propio programa presentaba el lugar jugando con la traducción tradicional de su nombre como «prado de los dips» y describía a la criatura como un perro sanguinario o perro vampiro.
La emisión ayudó a extender fuera de Cataluña una historia que hasta entonces había circulado principalmente a través de la tradición local, los estudios sobre folklore y, sobre todo, la novela de Joan Perucho.
Santa Marina, el otro escenario de la leyenda
La ermita de Santa Marina está a unos kilómetros del pueblo y es otro de los puntos esenciales del territorio de los dips.
El lugar tiene una larga tradición religiosa. Ya a comienzos del siglo XVII se celebraban romerías y encuentros el 18 de julio, festividad de Santa Marina. El conjunto actual está formado fundamentalmente por construcciones del siglo XVIII y durante mucho tiempo recibió visitantes atraídos también por sus fuentes.
De aquí procedía el retablo de 1602 en el que aparece el dip.
Junto al santuario quedan además las ruinas del antiguo hotel-balneario de Santa Marina, inaugurado en 1917 para aprovechar la fama de aquellas aguas. Es otro de esos elementos inesperados que aparecen al seguir los caminos de la sierra.
Una criatura entre el perro y el lobo
Las descripciones del dip no son completamente uniformes. Algunas hablan de pequeños perros negros. Otras los presentan como perros-lobo, más grandes y amenazadores. La iconografía tampoco ha sido siempre idéntica.
El elemento que se repite es el color oscuro, la actividad nocturna y la relación con la sangre. También la mirada: los ojos que aparecen en medio de la oscuridad son uno de los motivos más constantes del relato.
En versiones posteriores se añadieron otros rasgos, entre ellos una pata defectuosa o la vinculación explícita con lo demoníaco. Como sucede con las leyendas que se cuentan durante generaciones, la criatura fue cambiando al mismo tiempo que se mantenía reconocible.
Entre Llaberia, los caminos y la noche
Los dips pertenecen a una geografía muy concreta. Pratdip no está separado de su leyenda por una vitrina. Basta salir del casco urbano para encontrarse con barrancos, antiguos caminos de comunicación, fuentes, bosques y laderas que ascienden hacia la sierra de Llaberia.
Durante siglos esos caminos se recorrieron a pie o con animales de carga. Los pastores pasaban jornadas enteras lejos del núcleo y los arrieros viajaban cuando todavía no existían carreteras iluminadas ni vehículos capaces de cubrir el trayecto en unos minutos.
Es en ese mundo donde los relatos colocan al dip: detrás del caminante, junto a un rebaño, entre los árboles o convertido únicamente en dos ojos que se mueven en la oscuridad.
La criatura desapareció de los relatos de encuentros en algún momento del siglo XIX. Su figura, sin embargo, quedó en el retablo, en el escudo, en la literatura de Perucho, en las calles y en las montañas que continúan rodeando Pratdip.
Acceso y visita
Atención al acceso. El casco urbano es de libre acceso. Para recorridos por la sierra deben respetarse señalización, propiedades privadas, restricciones forestales y cualquier limitación temporal comunicada por las autoridades. No accedas sin la autorización que corresponda.
Rumbo al misterio | El PERRO VAMPIRO de Pratdip

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Preguntas para preparar esta visita
¿Qué son los dips?
La tradición de Pratdip los describe como perros oscuros de actividad nocturna, asociados al seguimiento de viajeros y a la sangre del ganado.
¿Onofre de Dip fue un personaje real?
Es el personaje vampírico desarrollado por Joan Perucho en Les històries naturals, publicada en 1960. Su biografía pertenece a la novela.
¿Dónde aparece representado el dip?
En el escudo municipal y en el retablo de Santa Marina de 1602, conservado en la iglesia parroquial. También hay figuras distribuidas por las calles.
¿La ruta urbana es la misma que la literaria?
No. La Ruta dels Dips busca figuras por el casco urbano; la ruta literaria de Perucho recorre el entorno de Pratdip y Santa Marina.
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Pratdip y sierra de Llaberia
- Dirección y acceso
- Casco antiguo de Pratdip y entorno de Santa Marina, Tarragona.
- Información oficial
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- Terreno y escaleras
- El núcleo histórico presenta calles con pendientes y pavimentos irregulares. Los itinerarios hacia Santa Marina y la sierra de Llaberia discurren por terreno de montaña.
- Accesibilidad
- La accesibilidad varía según el punto. El casco antiguo incluye desniveles y calles medievales; las rutas senderistas no deben considerarse itinerarios accesibles.
- Fotografía
- Fotografía exterior libre en los espacios públicos. En el interior de edificios religiosos deben respetarse las normas de cada recinto y las celebraciones que se estén realizando.
El punto sitúa el enclave; no garantiza una entrada transitable ni una ruta autorizada para vehículos.
El punto corresponde al núcleo de Pratdip, centro de la tradición de los dips. La leyenda se extiende por los caminos y montañas del entorno, especialmente hacia Santa Marina y la sierra de Llaberia, por lo que no existe un único enclave asociado al relato.
Coordenadas y fuente de ubicación
Punto de referencia del conjunto o paraje. Latitud 41.051300; longitud 0.871280.
Consultar la fuente cartográfica ↗Antes de ir
Paseo urbano libre por las figuras de los dips. Consulta a Turismo la apertura de la iglesia para ver el retablo y las condiciones del castillo. La ruta de montaña exige planificación independiente; el festival tiene calendario y entradas propios.
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