
Can Formiguera: la torre del diablo en la casa del Comte Mal
Una torre para espiar a una monja y un pasadizo al convento: las leyendas de Can Formiguera, la casa palmesana del Comte Mal, entre historia y literatura.
Turismo del Misterio
Artículos sobre historia, patrimonio y leyendas en Illes Balears.

Una torre para espiar a una monja y un pasadizo al convento: las leyendas de Can Formiguera, la casa palmesana del Comte Mal, entre historia y literatura.

El Comte Mal regresaba a Galatzó después de muerto, según la tradición. La cruz de la condesa y las huellas de su caballo acompañan el recorrido por la finca.

La sibila Nuredduna nació en un poema ambientado en Ses Païsses. Su historia acompaña la visita a la muralla, el talayot y las casas del poblado de Artà.

El castillo de Bellver conserva la celda de Jovellanos y la memoria de sus presos. En el bosque cercano, la tradición sitúa la cueva de la bruja Joana.

Las cuevas de Cala Morell conservan fachadas talladas, columnas y pequeños nichos de función desconocida. Un recorrido por esta necrópolis de Menorca.

La taula de Talatí tiene una pilastra caída sobre su capitel. Las excavaciones hallaron además a una adolescente en un paso de sus construcciones cubiertas.

La taula de Trepucó conserva un refuerzo moderno. Bajo su santuario aparecieron cenizas, casas y construcciones anteriores que siguen abriendo preguntas.

Una nevada delató el refugio de Xoroi en Cala en Porter. La leyenda acompaña a esta cueva del acantilado, hoy visitable mediante sesiones y entrada.

Bajo Puig des Molins se conservan hipogeos y pasos abiertos por saqueadores. El museo explica los rituales, las máscaras y los amuletos de la Ibiza púnica.

Un toro de bronce, restos de un caballo y pebeteros de Tanit aparecieron en Torralba d’en Salort. El santuario conserva preguntas sobre sus antiguos cultos.

La necrópolis de Son Real conserva pequeñas tumbas frente al mar. Sus restos humanos documentan trepanaciones a las que algunos individuos sobrevivieron.

Una figura de Imhotep apareció en 1974 en Torre d’en Galmés. El pequeño bronce abre preguntas sobre los cultos y las conexiones mediterráneas de Menorca.