
El sillón del Diablo: la amenaza que acabó en un museo
Un estudiante de anatomía, un pacto y una muerte anunciada a los tres días. La leyenda del sillón del Diablo sigue vinculada a una pieza del Museo de Valladolid.
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Un estudiante de anatomía, un pacto y una muerte anunciada a los tres días. La leyenda del sillón del Diablo sigue vinculada a una pieza del Museo de Valladolid.

José Zorrilla contó una visita infantil a una habitación cerrada y el reconocimiento posterior de un retrato. La abuela Nicolasa sigue en la memoria de su casa natal.

Las naves de Retuerta no llegaron a desarrollarse como se había previsto. Sobre los ábsides laterales hay dos espacios elevados cuyo uso ha planteado preguntas a los estudiosos.

El mosaico de Pegaso perteneció a una residencia del siglo IV. Después del abandono llegaron otros ocupantes, que encendieron hogueras sobre sus pavimentos.

En 1908 sus compradores pensaron vender la piedra para las obras del ferrocarril. Montealegre conservó sus muros y después llegó a utilizarse como almacén de cereal.

La torre del homenaje de los Vivero acabó junto a un hemiciclo. Fuensaldaña permite recorrer una fortaleza del siglo XV y conocer su etapa como sede de las Cortes.

César Borgia estuvo preso en La Mota y logró huir en 1506. La historia se sigue entre una torre elevada, un foso y galerías concebidas para el fuego de artillería.

La iglesia de Santa María de Palazuelos quedó en pie mientras desaparecía buena parte de las dependencias. Sus enterramientos conservan la memoria del linaje de los Meneses.

San Cipriano conserva una de las arquitecturas prerrománicas más singulares de Valladolid. Sus arcos de herradura y sus capiteles reúnen piezas y soluciones de distinta procedencia.

El castillo de Simancas cambió el cautiverio por los archivos de la monarquía. Sus muros conservan la forma de una fortaleza y una organización pensada para guardar papeles.

Antes de la fundación cisterciense hubo otras comunidades en Matallana. Su necrópolis y las ruinas de la iglesia permiten seguir una historia anterior y posterior al monasterio.

Un sarcófago, una inscripción y piezas reutilizadas mantienen en San Román la memoria de la monarquía visigoda. La atribución tradicional de los restos sigue planteando preguntas.