Salamanca · Salamanca

La Casa de las Muertes de Salamanca: cuatro calaveras y un crimen junto al pozo

Información sobre la imagen

Tamorlan · CC BY 3.0

Autoría
Tamorlan
Título
Caras-Casa de las Muertes (Salamanca)
Licencia
CC BY 3.0
Modificaciones
Imagen redimensionada; variantes JPEG y WebP generadas.

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Una vendedora de huevos habló a Alarcón de siete muertes. La fachada muestra cuatro calaveras. Entre ambas cifras se cruzan la casa de Juan de Álava, una leyenda de celos y un crimen transmitido por las crónicas del siglo XIX.

En 1877, Pedro Antonio de Alarcón y sus compañeros se detuvieron ante una casa de Salamanca que les llamó la atención. Una mujer que vendía huevos les advirtió que no llamaran: allí no vivía nadie porque había habido siete muertes. La respuesta era demasiado buena para dejarla pasar. El escritor siguió preguntando y encontró una historia de calaveras borradas, una mujer asesinada y vecinos que evitaban el edificio. La Casa de las Muertes ya tenía entonces una fama que viajaba de boca en boca.

Cuatro calaveras bajo las ventanas

La casa está en la calle Bordadores, en el casco histórico salmantino. Para localizar el origen de su nombre hay que mirar hacia las dos ventanas superiores: cuatro calaveras sostienen los pedestales de su decoración. Esas cabezas de piedra, llamadas también muertes, acabaron dando una identidad al edificio mucho más persistente que los apellidos de sus dueños.

La fachada pertenece al plateresco del primer tercio del siglo XVI. Entre sus tallas aparecen grutescos, escudos, retratos y querubines. Las calaveras forman parte de una composición cuidadosamente organizada, aunque la memoria popular haya preferido fijarse en ellas. En el eje central se reconoce el busto de Fonseca, acompañado por una inscripción que lo identifica como patriarca alejandrino. Los rostros de los seis medallones que completan la fachada no cuentan con una identificación segura.

La vivienda de un arquitecto que quiso dejar su nombre

La historia de la propiedad conduce a Juan de Álava, que también utilizó el apellido Ibarra. Julián Álvarez Villar relacionó la casa con el propio arquitecto, interpretación recogida por el portal municipal de turismo y por la descripción patrimonial de José Ramón Nieto González. Los escudos y los símbolos del oficio convierten la fachada en una presentación pública de su dueño.

Nieto González destaca lo excepcional que resultaba, para un profesional de la arquitectura de aquella época, disponer de una residencia comparable a las casas de la nobleza. La piedra anunciaba una posición alcanzada. El retrato de Fonseca introduce además los vínculos de mecenazgo de un arquitecto que trabajó en importantes construcciones salmantinas. Esa historia personal permanece entrelazada con los adornos que después alimentarían otras narraciones.

Don Diego, doña Mencía y una venganza de cinco muertos

Una de las leyendas más conocidas lleva dentro a un matrimonio. Don Diego es un caballero acostumbrado a conquistar; doña Mencía, su esposa, mantiene relaciones con tres hombres. Cuando él lo descubre, decide matarlos. Los dos primeros caen, pero el tercero consigue herirlo gravemente. Todavía tiene fuerzas para regresar a casa y dirigirse hacia su mujer.

El desenlace es brutal. Don Diego la estrangula mientras se desangra, y ambos mueren en el mismo episodio. La investigadora María Victoria Álvarez Rodríguez recoge esta versión al estudiar la Salamanca que describía la prensa del siglo XIX, remitiendo a la monografía de Álvarez Villar. Es un relato de celos y violencia con cinco víctimas, muy distinto de la cuenta de siete muertes que Alarcón escucharía en la calle. El nombre de la casa permitía que cada narrador empezase por una cifra y desplegara después su propia tragedia.

La puerta abierta y el cuerpo del pozo

Otro relato cambia las espadas por una casa silenciosa. Una crónica publicada en 1859, conservada en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes y editada por Pilar Vega Rodríguez, habla de una mujer que vivía sola. Había sido ama de llaves de un canónigo y disfrutaba de los bienes que este le había dejado. Meses antes había despedido a sus criados.

Una mañana, los vecinos encontraron abierta una puerta secundaria. Entraron y recorrieron las habitaciones. La narración los hace seguir unas huellas de sangre hasta un pozo, donde apareció la mujer muerta junto a su gato, al que presenta como su única compañía. Añade una escalera escondida detrás de un cuadro, por la que habrían descendido el asesino y la víctima. No proporciona una identidad para el culpable.

La misma crónica había comenzado con otro episodio: una familia de cuatro personas cuyos miembros aparecieron asesinados. Son noticias transmitidas por un texto decimonónico que participa de la fama siniestra del inmueble. La puerta entreabierta, el recorrido de los vecinos y el pozo dan forma a una escena que después reaparece, con variaciones, en las historias de la casa.

María Lozano y las fechas que cambian de una versión a otra

La información municipal identifica a la mujer asesinada como María Lozano, antigua ama del doctor y presbítero Alejo Guillén, y sitúa el crimen en 1851. El estudio de Álvarez Rodríguez también recoge esa fecha. La crónica de 1859, sin embargo, coloca su episodio en mayo de 1831. Por eso conviene conservar la procedencia de cada versión: los detalles del gato y de la escalera pertenecen a aquella narración, mientras que la identificación y la fecha de 1851 proceden de las fuentes actuales citadas.

La ficha de Turismo de Salamanca señala que no llegaron a esclarecerse ni el motivo ni la identidad del asesino, y menciona la herencia como posible explicación. Ese interrogante ocupa un lugar diferente al de don Diego y doña Mencía: aquí hay una mujer con nombre y una propiedad heredada, alrededor de las cuales creció un relato que no ha dejado de repetirse.

Lo que Alarcón fue a preguntar a los anticuarios

El autor de «Viajes por España» no se conformó con la respuesta de la vendedora. Según cuenta en «Dos días en Salamanca», aquella tarde consultó a unos anticuarios de la ciudad. Le explicaron que la denominación procedía de las calaveras de la portada y que esas tallas habían sido borradas por el temor que despertaban. Después le hablaron de la mujer asesinada veintiséis años antes de su visita.

La escena permite escuchar dos voces de la misma ciudad. En la calle, la casa quedaba resumida en siete muertes y una puerta a la que no había que llamar. Entre los conocedores de antigüedades aparecían los adornos de piedra y un crimen reciente. Alarcón añadió también una excepción a la supuesta imposibilidad de vivir allí: dos comandantes de Carabineros y un jefe de Estadística habían ocupado el inmueble durante temporadas, sin sufrir percances.

Las calaveras visibles hoy tienen, a su vez, una historia de restauración. La descripción de Nieto González atribuye su recuperación a la intervención de José Varela en 1962. El detalle enlaza la fachada actual con aquellos cráneos desfigurados de los que hablaban los textos antiguos.

Una visita que se hace desde la calle

El interior es propiedad privada y no se visita, según informa Turismo de Salamanca. El recorrido se concentra en el exterior: la portada, las ventanas, las cuatro calaveras y el busto central. Frente a la casa queda el convento de las Úrsulas; cerca se encuentran el Palacio de Monterrey y la Vera Cruz. La fachada está protegida por una declaración de monumento de 1983, publicada en el BOE al año siguiente.

Para observarla conviene alternar la vista completa con los detalles. Los compases que portan pequeñas figuras sobre la puerta hablan del arquitecto; las calaveras, de la fama que terminaría acompañando a su vivienda. Entre unas y otros quedan los medallones: seis caras que siguen sin tener un nombre seguro.

Acceso y visita

  • Acceso restringido
  • Por libre

Atención al acceso. Interior privado no visitable según Turismo de Salamanca. La propuesta es únicamente observar la fachada desde la vía pública. No accedas sin la autorización que corresponda.

La oscura leyenda de la ´Casa de las Muertes´

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Fotografía

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Preguntas para preparar esta visita

¿Las cuatro calaveras explican el nombre de la casa?

Sí. Las fuentes patrimoniales identifican esas calaveras, llamadas también muertes, como el origen del nombre. Están bajo los pedestales de la decoración de las dos ventanas superiores; después, los relatos de crímenes reforzaron la denominación.

¿Las calaveras que se ven hoy son las originales del siglo XVI?

José Ramón Nieto González relaciona las actuales con la restauración realizada por José Varela en 1962. Los textos del siglo XIX hablaban de calaveras desfiguradas o borradas, de modo que la apariencia actual incluye esa recuperación posterior.

¿La casa fue la residencia de Juan de Álava?

La atribución defendida por Julián Álvarez Villar y recogida por las descripciones patrimoniales identifica al arquitecto Juan de Álava, también llamado Juan de Ibarra, como propietario original. La fachada muestra su heráldica y símbolos de su oficio.

¿Qué se sabe de María Lozano y del crimen del pozo?

Turismo de Salamanca y el estudio de Álvarez Rodríguez sitúan en 1851 el asesinato de María Lozano, heredera de Alejo Guillén. La narración del pozo conservada en una crónica de 1859 da otra fecha, mayo de 1831, y añade un gato y una escalera escondida. El artículo atribuye esos detalles a esa versión; no los presenta como hechos contrastados en un expediente judicial.

¿Se puede entrar en la Casa de las Muertes?

No se ofrece una visita al interior: la información municipal lo identifica como propiedad privada no visitable. La observación se hace desde la calle Bordadores, donde se ven la portada, las calaveras, los medallones y el busto de Fonseca.

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Casa de las Muertes

Ubicación
Salamanca · Salamanca
Dirección y acceso
Calle Bordadores, 10, 37002 Salamanca. Dirección de la ficha municipal vigente; otras publicaciones emplean numeraciones distintas.
Información oficial
Consultar la web ↗
Accesibilidad
No se ha evaluado sobre el terreno la accesibilidad de la calle ni posibles obstáculos temporales. El marcador cartográfico no certifica un itinerario accesible.

El punto sitúa el enclave; no garantiza una entrada transitable ni una ruta autorizada para vehículos.

Marcador del edificio en Mapcarta/OpenStreetMap, way 50290000, con dirección Bordadores 10. Contrastado con la ficha municipal; corresponde a la vivienda, no al centro genérico de Salamanca.

Coordenadas y fuente de ubicación

Punto de referencia del lugar. Latitud 40.965740; longitud -5.666440.

Consultar la fuente cartográfica ↗

Antes de ir

Visita exterior de la fachada desde la calle Bordadores. Turismo de Salamanca indica expresamente que el interior es privado y no se visita. No se ofrece entrada al pozo ni a las habitaciones, ni se anuncia una apertura especial. La ficha municipal sitúa en el entorno el convento de las Úrsulas, el Palacio de Monterrey y la Vera Cruz. No se han verificado condiciones específicas de accesibilidad de la vía pública ni recorridos guiados vigentes.

Fuente de la información práctica ↗ · Comprobada el

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