Liérganes · Cantabria

El Hombre Pez de Liérganes: el muchacho que regresó del mar

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Rafael Tello · CC BY-SA 4.0

Autoría
Rafael Tello
Título
DSC01508-Liérganes(Cantabria)
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En 1674, Francisco de la Vega Casar desapareció en la ría de Bilbao. Cinco años después, el relato lo sitúa entre las redes de unos pescadores de Cádiz. Una palabra permitió devolverlo a Liérganes; los testimonios reunidos por Feijoo cuentan cómo regresó y qué siguió sin explicar.

Un muchacho desaparece mientras nada en la ría de Bilbao. Cinco años después, unos pescadores de Cádiz sacan del agua a un hombre que se deja atraer con pan y apenas habla. Entre las palabras que logra pronunciar hay una que permite seguir el rastro hasta Cantabria: Liérganes. Así comienza el regreso de Francisco de la Vega Casar, el Hombre Pez, cuya historia convirtió el mar en un territorio de preguntas.

La relación más extensa que sostiene este relato la publicó Benito Jerónimo Feijoo en 1734, dentro del sexto tomo de su Teatro crítico universal. El monje reunió noticias transmitidas por personas vinculadas al protagonista y a su familia. En sus páginas quedan una desaparición, un reconocimiento y nueve años de convivencia con alguien que, según aquellos testimonios, había vuelto profundamente cambiado.

La ropa que quedó en la orilla

Francisco era uno de los cuatro hijos de Francisco de la Vega y María del Casar. Tras enviudar, su madre lo mandó a Bilbao para aprender el oficio de carpintero. El agua no le resultaba extraña: quienes lo habían conocido en Liérganes recordaban su habilidad para nadar y pescar en el Miera.

Según la cronología recogida por Feijoo, la víspera de San Juan de 1674 salió a bañarse con otros jóvenes. Bajó nadando por la ría hasta perderse de vista. Sus compañeros esperaron el regreso, con la ropa del muchacho todavía junto a la suya. Al prolongarse la ausencia dieron por hecho que se había ahogado. Avisaron al maestro carpintero, y la noticia llegó a su madre.

Algunas versiones posteriores trasladaron esta primera desaparición al Miera. La Universidad de Cantabria recoge ambas localizaciones en su recorrido cultural por Liérganes. Seguir el texto de Feijoo lleva a Bilbao: desde allí se abre un intervalo de cinco años sobre el que Francisco nunca dejó una explicación.

Un hombre entre las redes de Cádiz

En 1679, los pescadores gaditanos comenzaron a ver una figura humana que nadaba y se sumergía cuando intentaban acercarse. La relación cuenta que trataron de capturarla durante varios días. Prepararon un cerco con redes y emplearon pedazos de pan para atraerla. Finalmente consiguieron llevar a tierra a un hombre.

Le hablaron en distintas lenguas sin obtener una conversación que aclarase quién era o de dónde venía. Lo condujeron al convento de San Francisco. Allí llegaron a practicar conjuros para expulsar el espíritu que sospechaban que podía habitarlo. El desconcierto tenía también una dimensión muy concreta: ante ellos había alguien que parecía entender poco de cuanto le preguntaban y que no contaba su historia.

Entonces pronunció Liérganes. Un joven de esa localidad que trabajaba en Cádiz reconoció el nombre. La averiguación pasó por Domingo de la Cantolla, natural del lugar y secretario de la Suprema Inquisición. Desde Cantabria llegó una posible identidad: años antes había desaparecido en Bilbao un hijo de María del Casar. 

El camino que todavía recordaba

La vuelta quedó ligada al franciscano fray Juan Rosende, que había llegado de Jerusalén y recogía limosnas para los Santos Lugares. Conoció al joven en Cádiz y lo llevó consigo hacia el norte. Feijoo sitúa la llegada a Liérganes en 1680.

Al alcanzar el alto de La Dehesa, a poca distancia de la población, el religioso le pidió que fuese delante. Francisco tomó el camino de la casa familiar sin necesitar que lo guiasen. Su madre lo reconoció y lo abrazó; también lo reconocieron sus hermanos. El relato insiste en el contraste entre aquella recepción y su escasa respuesta exterior.

Este reconocimiento ocupa un lugar decisivo en la historia. La identificación había empezado con un topónimo oído en Cádiz; ahora se apoyaba en el trayecto hasta una vivienda y en las personas que lo habían conocido antes de la desaparición. Lo que seguía sin aparecer era el relato de los años intermedios. 

Escamas, silencios y versiones distintas

Los rasgos del Hombre Pez tampoco llegan de manera uniforme. La primera relación remitida a Feijoo por el marqués de Valbuena negaba que Francisco hubiera tenido escamas. Otra noticia, atribuida a Pedro Dionisio de Rubalcaba, vecino de Solares que decía haberlo conocido, describía escamas sobre el espinazo y una franja desde la garganta hacia el estómago. Según esa versión, terminaron cayéndose.

Gaspar Melchor de la Riba Agüero, de Gajano, afirmó haberle dado de comer en su casa y recordó una piel áspera. Feijoo incorporó estas diferencias a su examen del caso. No todos los informantes habían reparado en lo mismo ni describían igual el cuerpo del muchacho.

En la vida familiar, la rareza más persistente era el silencio. Apenas pronunciaba algunas palabras, entre ellas pan, vino y tabaco. Podía comer mucho y pasar después varios días sin hacerlo, de acuerdo con la relación. Caminaba descalzo y mostraba poco interés por vestirse, aunque usaba la ropa que le proporcionaban. 

La carta que llegó mojada a Santander

Francisco obedecía encargos y llevaba cartas a sitios que conocía. Uno de esos recados ofrece un detalle menos repetido que las escamas y muy revelador de cómo se transmitió el caso. Tenía que ir a Santander y llegó a Pedreña sin encontrar embarcación para cruzar.

Según el testimonio recogido por Feijoo, atravesó la bahía a nado. Apareció en el muelle de Santander chorreando y entregó la carta que llevaba en el bolsillo. El papel estaba mojado. Cuando le preguntaron por qué llegaba así, no dio una explicación. La escena conserva un encargo corriente, una dificultad y una respuesta física que vuelve a situar el agua en el centro de su vida.

Permaneció nueve años en casa de su madre. Después desapareció otra vez. La primera relación que recibió Feijoo no precisaba cómo se había marchado. La tradición local acabaría vinculando también esta última ausencia al agua, aunque el texto que permite seguir sus pasos deja el final abierto. 

Cómo llegó el caso a Feijoo

Feijoo no fue testigo de los sucesos. Al principio recibió la historia como una noticia imprecisa; más tarde buscó relaciones de personas próximas al lugar y al protagonista. José de la Torre, de la Real Audiencia de Asturias, intervino en la obtención del informe enviado por el marqués de Valbuena. Otras noticias llegaron a través de familiares y conocidos de los declarantes.

Leer esos nombres permite seguir la procedencia del relato y reconocer sus distintas capas. La memoria familiar, las descripciones del cuerpo y los recados atribuidos a Francisco terminaron reunidos en un examen escrito varias décadas después de su desaparición en Bilbao. Ese documento conserva detalles que muchas versiones abreviadas han perdido, desde el oficio de carpintero hasta la carta mojada.

El Hombre Pez junto al Miera

En Liérganes, el punto de visita está a orillas del Miera, junto al Puente Mayor y la escultura dedicada al Hombre Pez. El centro de interpretación se encuentra en ese mismo entorno. El río permite recorrer el escenario local de la tradición sin confundirlo con la ría de Bilbao o las aguas gaditanas de la narración.

El Ayuntamiento mantiene información del centro y de la oficina de turismo, pero sus páginas muestran horarios distintos. Antes de organizar una visita al interior conviene confirmar la apertura en el 942 52 16 21.

El hombre-pez de Liérganes: ¿Si existió?

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Preguntas para preparar esta visita

¿El Hombre Pez desapareció en Liérganes o en Bilbao?

La relación recogida por Feijoo sitúa la desaparición en la ría de Bilbao, la víspera de San Juan de 1674, cuando Francisco aprendía el oficio de carpintero. Algunas versiones posteriores la trasladan al Miera. La Universidad de Cantabria recoge esa diferencia entre las narraciones.

¿Quién lo acompañó de Cádiz a Liérganes?

Según Feijoo, fray Juan Rosende, un franciscano que recogía limosnas para los Santos Lugares, lo llevó a Liérganes en 1680. Domingo de la Cantolla había intervenido antes en la correspondencia que permitió buscar su identidad; son dos personas con funciones distintas en el relato.

¿Qué contaron los testigos sobre sus escamas?

El primer informe recibido por Feijoo negaba que tuviera escamas. Pedro Dionisio de Rubalcaba describió algunas en el espinazo y una franja desde la garganta al estómago, que después habrían caído. Gaspar Melchor de la Riba recordó una piel áspera. El artículo conserva las diferencias entre esos testimonios.

¿Qué se puede ver del Hombre Pez en Liérganes?

La escultura dedicada al personaje y el centro de interpretación se encuentran en el entorno del Puente Mayor, a orillas del Miera. Es el punto local desde el que se presenta la tradición; no debe confundirse con los escenarios de Bilbao y Cádiz que aparecen en la relación de Feijoo.

¿Cuál es el horario del centro de interpretación?

Las páginas municipales consultadas ofrecen horarios diferentes. Antes de organizar la visita al interior, confirma la apertura con la oficina de turismo en el 942 52 16 21. No se aporta un horario como vigente mientras persista esa discrepancia.

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Entorno del Hombre Pez y Puente Mayor de Liérganes

Ubicación
Liérganes · Cantabria
Dirección y acceso
Paseo del Hombre Pez, entorno del Puente Mayor, 39722 Liérganes, Cantabria.
Información oficial
Consultar la web ↗
Contacto
942521621

El punto sitúa el enclave; no garantiza una entrada transitable ni una ruta autorizada para vehículos.

Coordenadas del objeto fotografiado, junto al Miera y al Puente Mayor: punto de visita del memorial del Hombre Pez. No representan el lugar de la desaparición en Bilbao ni de la captura en Cádiz.

Coordenadas y fuente de ubicación

Punto de referencia del lugar. Latitud 43.342840; longitud -3.741604.

Consultar la fuente cartográfica ↗

Antes de ir

El Ayuntamiento sitúa el centro de interpretación junto al Puente Mayor, en el paseo del Hombre Pez. Sus páginas del centro y de la oficina de turismo ofrecen horarios distintos; confirmar la apertura del interior en el 942 52 16 21 antes de desplazarse. No se dan por verificados horarios, tarifas, accesibilidad ni condiciones actuales de reserva.

Fuente de la información práctica ↗ · Comprobada el

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