
Santa María del Azogue: cinco ábsides y las señales de los canteros
Las piedras de Santa María del Azogue conservan numerosas marcas de obra. En Benavente, el recorrido une una cabecera románica con bóvedas y esculturas de otras etapas.
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Las piedras de Santa María del Azogue conservan numerosas marcas de obra. En Benavente, el recorrido une una cabecera románica con bóvedas y esculturas de otras etapas.

Una inscripción del siglo X y los pleitos por las pesquerías preceden a la iglesia románica. San Martín de Castañeda permite seguir la relación del monasterio con Sanabria.

La fortaleza de los Pimentel tuvo guarnición, presos y dependencias domésticas. Su torre del homenaje permite conocer la arquitectura y observar la villa desde arriba.

Entre el foso y las torres aparecen signos tallados en los sillares. El castillo conserva las huellas de sus canteros y de las reformas que lo adaptaron a la artillería.

Una disputa entre Bakio y Mungia, dos burros cargados de comida y una ventana románica rodean la ermita de San Miguel de Zumetxaga, al pie del Jata.

Bajo Lekeitio, Armintxe conserva leones, caballos y signos paleolíticos. Su técnica de grabado y un cubil de hienas revelan dos historias de la cueva.

Atxurra conserva grabados de bisontes y caballos junto a lámparas, carbones y útiles de sílex. Así se investiga cómo trabajaban sus artistas paleolíticos.

Las murallas de Arrola escondían una entrada en recodo para frenar ataques. Un poblado de la Edad del Hierro y una casa reconstruida explican su historia.

Las huellas de San Juan, la campana y las promesas de los pescadores rodean Gaztelugatxe. Leyendas, asedios y visita al santuario de la costa de Bizkaia.

Las naves de Retuerta no llegaron a desarrollarse como se había previsto. Sobre los ábsides laterales hay dos espacios elevados cuyo uso ha planteado preguntas a los estudiosos.

El mosaico de Pegaso perteneció a una residencia del siglo IV. Después del abandono llegaron otros ocupantes, que encendieron hogueras sobre sus pavimentos.

En 1908 sus compradores pensaron vender la piedra para las obras del ferrocarril. Montealegre conservó sus muros y después llegó a utilizarse como almacén de cereal.