
El Castillo: las manos que quedaron al otro lado del pigmento
Las manos en negativo de El Castillo conservan la silueta de personas paleolíticas. Discos, animales y signos se acumulan bajo el monte de Puente Viesgo.
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Las manos en negativo de El Castillo conservan la silueta de personas paleolíticas. Discos, animales y signos se acumulan bajo el monte de Puente Viesgo.

Los grabados benahoaritas se reparten por rocas y barrancos del norte de La Palma. Sus posibles vínculos con el agua añaden una lectura religiosa al conjunto.

Inscripciones líbico-bereberes, concheros y estructuras de reunión forman un paisaje arqueológico abierto al Mar de las Calmas, en El Hierro.

Diez cuevas y una estación de grabados conservan parte de la vida benahoarita. Belmaco abrió en el siglo XVIII una discusión sobre aquellos signos de piedra.

Junto al Camaces, el castro de Las Merchanas conserva puertas, grabados y un campo de piedras hincadas que protegía sus accesos.

Grabados de animales, tumbas y cabezas de piedra acompañan el recorrido por un castro de larga ocupación en Yecla de Yeltes.

Un caballo reconocido en 1988 permitió estudiar un conjunto de grabados paleolíticos al aire libre, incorporado al Patrimonio Mundial en 2010.

La Serpe de Troña enlaza un grabado del castro con una leyenda de animales robados, junto a las viviendas y defensas de este poblado de Ponteareas.

Los laberintos de Mogor, en Marín, conservan un diseño poco habitual en el arte rupestre gallego y preguntas sobre su origen y significado.

Un gran ciervo, lanzas y signos circulares convierten Campo Lameiro en un recorrido por las preguntas que dejaron sus grabadores prehistóricos.

En Santa Trega, las casas del castro comparten monte con grabados anteriores, hallazgos de las excavaciones y preguntas sobre su antiguo paisaje.

Cuatro accesos abiertos en la roca dan nombre a este yacimiento de Telde. El almogarén y las cuevas de la ladera completan su visita.