
Castillo de San Antón: los presos de la isla y las creencias de la antigua Galicia
Antes del museo, San Antón fue una prisión sobre una isla. Sus presos y sus colecciones permiten recorrer una historia de encierro, muertos y dioses.
Turismo del Misterio
Historias y lugares de España, con fuentes para consultar los datos y distinguirlos de los relatos tradicionales.

Antes del museo, San Antón fue una prisión sobre una isla. Sus presos y sus colecciones permiten recorrer una historia de encierro, muertos y dioses.

La Pedra do Mouro de Ribeira reúne una tumba neolítica, grabados y una tradición que sitúa seres legendarios y tesoros en el subsuelo gallego.

Bajo el faro romano, la leyenda enterró la cabeza de Gerión. Breogán y el monje Trezenzonio añadieron tierras lejanas y viajes sobrenaturales.

Murallas, viviendas y grandes cavidades marinas forman el castro de Baroña. Una aldea de la Edad del Hierro cuyo emplazamiento todavía plantea preguntas.

Una moura que mueve piedras, oro bajo tierra y veinte ídolos ante el corredor: Dombate reúne leyendas y una de las tumbas pintadas de Galicia.

Almas que vuelven como animales, una barca convertida en roca y ritos con agua y pan: las tradiciones del santuario de San Andrés de Teixido.

Cada 28 de marzo, la leyenda hace volver a Zaida al castillo de Almodóvar. Durante la restauración se contaban apariciones de una mujer vestida de blanco.

Una tumba saqueada y reparada, dos mujeres con flechas y unos menhires anteriores: las excavaciones de Casas de Don Pedro reconstruyen sus distintos usos.

Bajo el Campo Santo de los Mártires quedan los baños del alcázar. El museo sitúa en sus salas los asesinatos de Alí ibn Hammud y Abderramán V.

La torre de la Malmuerta reúne dos leyendas: la penitencia de un marido que mató a su esposa y un tesoro reservado a quien lea su inscripción al galope.

En 1938 encontraron un esqueleto en la Cueva de los Murciélagos. Pinturas, tumbas y restos de alimentos permiten seguir sus usos durante la Prehistoria.

La leyenda dice que Abderramán III plantó almendros para que Azahara viera nieve. La ciudad palatina duró apenas unas décadas antes del abandono y el saqueo.